Kyokushin significa “la verdad última”. Esta es la historia del hombre que la buscó con los puños, y de cómo su karate llegó hasta Panamá.
Masutatsu Oyama (1923–1994) convirtió su vida en una prueba de espíritu, y de esa prueba nació el karate más fuerte del mundo.
Sosai Masutatsu Oyama nació el 27 de julio de 1923. A los 9 años, mientras vivía en la granja de su hermana en Manchuria, comenzó a entrenar Kenpo chino, en particular la forma de “Las Dieciocho Manos”. En 1938 viajó a Japón con la intención de ser piloto, pero su destino estaba en otra parte: su interés por las artes marciales lo llevó al dojo de Gichin Funakoshi, donde comenzó a practicar karate de Okinawa.
Su dedicación fue feroz: a los 20 años ya era 4to Dan de karate, y en cuatro años de servicio en el Ejército Imperial alcanzó también el 4to Dan en Judo. Tras la guerra, encontró rumbo junto a So Nei Chu, maestro coreano de Goju-Ryu, famoso tanto por la fuerza de su cuerpo como por su profunda espiritualidad, quien le enseñó los fundamentos del Budo y le aconsejó dedicar su vida al Camino del Guerrero.
Siguiendo ese consejo, Oyama se retiró a las montañas a forjarse en soledad: primero en el monte Minobu (1946) y luego 18 meses en el monte Kiosumi (1948), entrenando cuerpo y mente sin descanso. En septiembre de 1947 ganó el Campeonato Abierto de Karate de Todo Japón — y volvió a ganarlo después de su retiro en la montaña. Desafió a maestros de distintas artes marciales en combates sin reglas, y los venció a todos. Así templó y perfeccionó su karate.
En 1953 abrió su primer dojo en Meijiro, Tokio, donde los entrenamientos eran legendarios por su dureza. Comparó su estilo con el de practicantes de todas las disciplinas, adoptó lo mejor de cada una y estableció los cimientos de un karate nuevo: de contacto pleno, sin medias verdades. En julio de 1965 inauguró oficialmente la Organización Internacional de Karate (IKO) y bautizó su estilo: Kyokushin, “la verdad última” — hoy una de las organizaciones de artes marciales más grandes del planeta. Por su contribución al karate recibió el título de honor “Sosai” (presidente fundador).
Comienza en el Kenpo chino a los 9 años, en Manchuria.
Entrena karate de Okinawa en el dojo de Gichin Funakoshi.
Gana el Campeonato Abierto de Karate — dos veces.
18 meses de entrenamiento en soledad en el monte Kiosumi.
Meijiro, Tokio. Nacen los cimientos del contacto pleno.
Se funda la IKO y el estilo recibe su nombre: la verdad última.
El Karate Kyokushinkai llegó a Panamá de la mano del Shihan Jorge Bustos, estudiante de segunda generación que entrenó directamente con el fundador del estilo, Sosai Masutatsu Oyama, en 1975.
Los estudiantes formados personalmente por Sosai recibían una misión: difundir el Kyokushinkai en sus regiones. En el caso del Shihan Bustos, esa misión abarcó Panamá y gran parte de Centroamérica, siendo designado Branch Chief de Kyokushin para Panamá en 1975.
De aquella semilla nacieron generaciones enteras de karatecas panameños. Este dojo es la continuación directa de esa historia.
Nadie puede contarla mejor: el Shihan Jorge Bustos relata cómo llegó el Karate Kyokushin a Panamá.






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